noviembre 18, 2007


Les he observado demasiado tiempo. Los escuché pelear por absurdos, reír de estupideces y sufrir en silencio. Les vi caminar, entre tropezones (unos más que otros), pararse y seguir.

Varios me siguieron por ridículos caminos donde, entre risas, dimos la vuelta y comenzamos otra vez. Otros me dieron la mano en el momento justo, cuando iba a caer, me acompañaron en silencio y escucharon cuando quise hablar.
En ocasiones fui yo quien debió escuchar y salvar etapas, pero lo hicimos porque era necesario.
Y crecimos.

"Qué están grandes!" - dicen por ahí.

"Qué estamos viejos" - nos escuchamos.

"Qué bacán era esa etapa" - añoramos.


Pero seguimos aquí. Firmes. Creciendo gracias al sol, afrontando la lluvia. Perdiendo abrigos y creando nuevos. Cambiando, adaptándonos a las circuntancias.

Les he visto crecer.
Les he visto llorar.
Me han visto crecer.
Me han visto llorar.

Nos hemos levantado juntos.

Y, ahora, que cada uno sigue su camino, necesito saber si el mío generará los mismos frutos con los que soñamos aquellas tardes locas, escuchando música de un "pérsonal" roto y escribiendo historias en viejos cuadernos.

Cada uno escribe su cuento, la diferencia es que hoy, más que antes, no podemos detenernos a tratar de borrar lo escrito. No hay que olvidar que, con corrector o goma, siempre queda la huella anterior.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Espero que el camino que te estas forjando cumpla las espectativas creadas en tu pasado.


HIKO

Misao! dijo...

me refiero al ámbito profesional.

ambiciones.